Todos los creyentes tienen el derecho de pedir y buscar fervientemente la promesa del Padre, el bautismo en el Espíritu Santo. Con el bautismo viene una investidura de poder para la vida y el servicio y la concesión de los dones espirituales y su uso en el ministerio. Esta experiencia es distinta a la del nuevo nacimiento o el sello del Espíritu Santo y subsecuente a ella. Implica una búsqueda continua de la llenura del Espíritu Santo. Creemos que el Señor nos ha dado su Espíritu Santo en abundancia, pero es responsabilidad de la Iglesia
mantener su lampara llena de aceite y con un guardando adicional como en la parábola de las diez vírgenes que esperaban al esposo para las bodas. Creemos que el bautismo es una experiencia continua del revestimiento del Espíritu Santo, y que solo es evidente por el fruto del Espíritu según Gálatas 5:22-25 Creemos que la llenura del Espíritu Santo es proporcional al tiempo que pasamos en intimidad con el Señor y que el Poder a recibir es proporcional a los requerimientos de nuestro campo ministerial. (Lc.24:49; Hec.1:8 y 8:12-17; Mt.25:1-13; Éx.34:27-35; Mt.25:1429)
