La palabra bautismo viene del griego baptizo que significa literalmente “sumergir”, “hundir”. Su uso fue por la actividad de sumergir tela o lana para teñirla. Creemos que el bautismo en agua es una ordenanza establecida directamente por nuestro Señor Jesucristo, en la que simboliza la muerte del hombre natural, heredero de la condenación en la que Dios condenó al mundo por el diluvio en días de Noé. El bautismo en nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo, implica que somos revestidos de Cristo, que hemos muerto con Cristo a nuestra vieja naturaleza
adámica, natural y terrenal y renacidos en una nueva naturaleza espiritual, celestial en Cristo. Creemos que el Bautismo en Agua simboliza la obra interior que hace el Evangelio en la persona, la manera en que el hombre renuncia a vivir su vida terrenal, absteniéndose de hacer su voluntad y decide aceptar el Señorío y Autoridad de Cristo y vivir para él conforme a la Palabra de Dios. Por tal motivo no se debe aplicar a niños menores de doce años. (Mr. 1.9-11; Mat.28:18-20; Gálatas 2:20)
