Creemos que el Espíritu Santo habitaba plenamente en Jesús, el Cristo, el Ungido de Dios. Como templo y morada del Espíritu Santo en la tierra. Al morir Jesús y darnos a comer su carne y a beber su sangre; por la fe, como símbolo de su Palabra y de su Espíritu, la iglesia ha venido a ser una unión con Jesucristo. Por tanto, La Palabra y el Espíritu Santo que habita en Cristo ahora también habita en su cuerpo, que es la Iglesia, los que han recibido a Jesucristo y bautizados en EL, los cuales han recibido la potestad de ser hechos hijos de Dios, por el nuevo nacimiento, del Agua (La Palabra) y del Espíritu Santo. En Cristo, la Iglesia, su cuerpo, forma parte de la familia de Dios. Somos miembros de Cristo, pero algunos aún son como niños recién nacidos, bajo educación y desarrollo. Estos están siendo transformados, por la renovación del entendimiento; de naturales y carnales (niños en Cristo) a espirituales (guiados por el Espíritu de Cristo). (Jn.2.18-22; 6:56-71; 1 Cor.11:24-27; Jn.1:12; Ef.2:19; 1 Cor.3:1-9)
