Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo y Cristo nos lo ha encargado a nosotros su Iglesia, por cuanto somos su cuerpo. Jesucristo es la cabeza de la iglesia, así como el Padre es la cabeza de Jesucristo, y por medio del Espíritu Santo que nos habita imparte la vida de Dios, su Palabra, su luz, el olor de su conocimiento. Jesucristo (el verbo de Dios, su Palabra encarnada) fue traído por el Espíritu Santo al vientre de María; y los santos hombres de Dios hablaron (La Palabra de Dios) siendo inspirados por el Espíritu Santo. Con la venida del Mesías, Cristo el Señor, el Espíritu de Gloria ha venido sobre su persona y el Señor lo ha derramado sobre su cuerpo, que es su iglesia. Con la responsabilidad de llevar la Palabra de la reconciliación. Es la Gran Comisión de la iglesia ir por todo el mundo y predicar el Evangelio de la Palabra de Dios y la Gracia del Espíritu Santo. Predicar el Evangelio, haciendo discípulos es para lo que el Señor nos ha puesto; llevando mucho fruto es seguro que todo lo que pidamos al Padre nos lo dará. Para que sigamos llevando más fruto y que nuestro fruto permanezca.
Ser un discípulo activo de Jesucristo es el propósito de todo creyente para “Reconciliar al mundo con Dios”. Los que no alcanzan madurez espiritual nunca llegan a ser discípulos verdaderos de Cristo. (2 cor 5:16-20; 1Cor.11:3 ; 2 Pedro 1:21; Marcos 16:15-18; Juan 15:16; Juan 8:31-36 y Gálatas 5:24-26)
